Vicky Palacios Pina

Vicky es otra de nuestras súper-mamás con súper-poderes. Conocemos la voz de esta mami que, apoyada por su familia, ha encontrado en Mamás en Acción una nueva forma de ver a los demás desde la tolerancia y el respeto.

Mamá de cuántos:

Mamá de Alba, una coqueta niña de 5 años y medio.

Dedicación:

Soy productora de televisión.

Por qué me uní a Mamás en Acción:

Me uní a Mamás en Acción al principio, ese día que sólo éramos un grupo de mujeres dispuestas a escuchar qué locura se le había ocurrido a Majo esta vez. 😉 Ella ya me había contado antes sus intenciones, la idea que le rondaba en la cabeza, y yo sólo pude decirle “Adelante. Cuenta conmigo”.

Lo hice porque las amigas están para apoyarse, y por curiosidad, no voy a negarlo. Me parecía que podía ser muy interesante dedicar algo de tiempo a los demás, y como mi hija aún era pequeña, me encontraba especialmente sensibilizada con el tema de los niños.

Experiencia

Hacer balance de dos años y medio como voluntaria, los mismos que tiene la Asociación, es complicado: ordenar los recuerdos, los sentimientos y las sensaciones no es fácil.

Los primeros meses era espectadora ajena a todo: mis obligaciones laborales y familiares me impedían participar en las acciones, y parecía que no tenía tiempo para nada… menos aún para dedicárselo a los demás.

Pero una serie de hechos providenciales hicieron que cuando más necesitaba ocupar mi mente, Mamás en Acción necesitara personal para la gestión. Así que me puse manos a la obra y durante cerca de un año trabajé, como si de un empleo se tratara, llevando la Comunicación, participando en la organización de los cumpleaños solidarios y colaborando en tareas de gestión y de gobierno.

Fue entonces cuando descubrí que si quieres sacar tiempo lo sacas, y que el voluntariado engancha. Que recibes mucho más de lo que das, y que se acaba convirtiendo en parte de tu vida sin darte cuenta.

Cómo ha influido en mi vida:

Recuerdo que en las primeras reuniones mi miedo a relacionarme con los niños y no saber gestionar las emociones me impedía saltar al terreno, y permanecía oculta tras “el muro de la gestión”, que me permitía mantenerme en un terreno seguro y conocido. Después, el entusiasmo del resto de voluntarias me animó a participar en la puesta en marcha de los primeros cumpleaños solidarios. Pero siempre desde la barrera: compra de la merienda, compra de los regalos, recogida en los puntos de donación… sin participar directamente con los niños, porque no me veía capaz de tratar con ellos, con su forma de vida, sus retos, sus problemas o sus carencias, y volver después a mi cómoda vida como si nada.

Pero un día di el paso, y fui a un cumple. Y me encantó. Y me di cuenta de que no podía dejar que mis miedos me paralizaran, y entré en una locura apuntándome a cualquier acción que se ideara. Porque ya os lo he dicho: el voluntariado engancha.

Mamás en Acción me ha hecho más valiente, pero también me ha hecho más tolerante. Me ha ayudado a tener en cuenta diferentes puntos de vista, a ponerme en el lugar del otro, y a valorar lo que tengo. Me ha enseñado que mi pequeño granito de arena puede suponer mucho en la vida de un niño, y me ha obligado en muchas ocasiones a tragarme mi orgullo y a contenerme (quienes me conocen saben que la paciencia no es, lamentablemente, una de mis virtudes) para anteponer el bienestar de un niño, o de la Asociación, al mío propio.

También me ha ayudado a descubrir una parte de mí que no conocía: el voluntariado no me había llamado la atención nunca, y era de los que creen que con las aportaciones económicas ya se contribuye suficiente. Y de repente estaba remangada, bailando con dos niños prácticamente desconocidos simplemente con el ánimo de arrancarles una sonrisa.

Ha influido de tal forma en mi vida, que creo que no queda nadie a mi alrededor a quien no haya animado a hacerse voluntaria o a colaborar en “Mamás en Acción”. Y, además, he conocido a voluntarias maravillosas que ya son auténticas amigas.

Y en mi familia:

Alba ha crecido oyendo hablar de “Mamás en Acción” y lo considera mi segundo trabajo: la misma obligación tengo para ir cada día a trabajar que para ir a los cumples o acudir al Desván a echar una mano. Ella sabe que a veces Mamá no está en casa porque otros niños la necesitan, y que es muy afortunada pero otros no lo son tanto.

Mi marido lo lleva con resignación, dice él, cuando el trastero y dos de las habitaciones de casa se llenan de bolsas con ropa. Cuando le pido de hoy para mañana que me ayude a diseñar una campaña para promocionar una colaboración. O cuando le toca cuidar a la peque porque yo he de cuidar de otros. Pero a veces se le escapa que está orgulloso de nosotras y siempre, siempre, siempre está para hacer su pequeña parte de voluntariado.

Mi recomendación:

La primera recomendación que os doy es que no os lo penséis: buscad el tiempo, y empezad en la acción que os apetezca, pero no tengáis miedo. Os lo aseguro: sois capaces. Sea lo que sea: lo sois.

En segundo lugar os recomiendo, o más bien os pido paciencia: absolutamente todo lo que es Mamás en Acción nace del voluntariado. Su gestión es complicada, y funciona a base de buena fe. Las horas que algunas de nosotras dedican a buscar beneficiarios, organizar a las voluntarias y legalizar nuestra situación son incontables. Si está en vuestra mano, ayudadles. Si no, aportad ideas, pensad en formas de mejorar y hacédselas llegar a la Directiva. Pero, sobre todo, no os quedéis en casa pensando que otra lo hará: Mamás en Acción es lo que es por sus voluntarias. Todos y cada uno de los corazones con patas hacen falta y son tenidos en cuenta.

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